sábado, abril 14, 2007

Crítica: Rebeldías posibles

Director: Javier G. Yagüe
Intérpretes: María Antón, Frantxa Arraiza, José Melchor, Javier Pérez-Acebrón, Asu Rivero, José Sánchez


Le damos un 7,5

Metidos todos en vereda, parece que no es tiempo para la rebeldía... ¿O sí? Cuarta Pared, la compañía, sigue a pies juntillas su ideario escénico, algo que es de agradecer.

Después de criticar las obsesiones de todo tipo en Café, afronta una nueva producción que ya se testó en Escena Contemporánea, el festival de las propuestas que más gustan a los menos conformistas.

La resignación está relacionada con el unanimismo y la pérdida de los ideales, algo que sustentan y por lo que luchan las grandes empresas y algunos gobiernos, pero sólo hasta que les sea rentable y tengan que ganar alguna elección o poner en marcha un nuevo producto. El teatro debe hacerse con los pies en la tierra, incluso cuando se recreen fantasías, y la de Rebeldías posibles, como buena fantasía, se relata a modo de fábula.

Todo esto de las voces que se alzan en contra de la opinión unísona, tiene una buena historia. Osen a negar que hay una obra a partir de la noticia sobre un señor que le planta cara a los que apuestan por el canon en los soportes de grabación u otro que reivindica el dinero sobrante tras una conversación en una cabina telefónica. Y lo mismo que no existe Robin Hood sin quebraderos de cabeza, no hay obra sin dilema, como el que se plantea cuando presentan a nuestro protagonista como ejemplo a seguir.

La obra retrata muy bien el 'efecto cascada', cómo una acción provoca una reacción y una pieza de domino tira a la siguiente, aunque hay que ponerle un tope. Quizás hubiese sido necesario limarla un poco en su duración, quizás, pero el ritmo es tan preciso y la narración a modo de cuento está tan bien marcada que se perdonan los pecadillos, como dar excesivo protagonismo a algún relato secundario.

Por si no conoce aún la labor de esta formación teatral, sepan que su obra tiene mucho de subversivo –subirse a las tablas ya tiene mucho de desobediencia, de rebeldía- y es muy adictiva. Al emplear un lenguaje directo, sin artificios innecesarios, y arriesgar en montajes inusuales –éste coloca a los actores en el centro de nuestras miradas-, consiguen impregnarnos con un poco de conciencia social y es difícil no mantenerse afín a ella a la salida del teatro.

Rebeldías posibles es una interesante visión acerca de las pequeñas luchas que tienen su fruto, una metáfora inteligente sobre los montajes 'a menor escala' que tienen su público, también inteligente.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

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