sábado, abril 14, 2007

Crítica: Las heridas del viento

Director: Juan Manuel Cifuentes
Intérpretes: :Marcos Casanova, Humberto Rossenfeld


Le damos un 9

Poesía y drama se dan la mano en este excelente montaje con dos actores capaces de provocar un torrente de impresiones: tiernas, hirientes, pero sobre todo, reales.

Luego iremos con ellos, pero antes he de reconocerles que me acerqué al Teatro Triángulo con una mochila repleta de comentarios positivos acerca de esta obra y eso, lo sabrán por experiencia, puede provocar el efecto contrario. En este caso no: nunca asistí a una ovación tan prolongada y merecida después de una obra tan redonda y sugerente.

Juan Carlos Rubio, el autor, se confirma como un malabarista que cambia mazas por palabras, además de ser un perfecto mentiroso. Nos engaña y se lo agradecemos, porque se lo consentimos: consigue captar nuestra atención y, por si fuera poco, logra descolocarnos. En un momento preciso, uno de los actores nos apela de manera directa y cuenta que obviarán pasajes previsibles... qué acierto. Así, sin gorduras ni rellenos, nos quedarnos con una pieza limpia, sin subterfugios innecesarios.

Del texto podríamos decir mucho, pero intentaremos no hacerlo. Tampoco del argumento, tan sólo mencionar dos líneas: un joven descubre cómo era realmente su padre el mismo día en que fallece y ese hallazgo cambiará su forma de ser. Del encontronazo inicial pasamos a la charla reposada no exenta de momentos intensos personificados en dos actores que en el escenario hablan del amor y la necesidad de conocer y conocerse: entra en juego el monólogo que recita el solitario que desea, también el diálogo de dos seres, una conversación íntima de la que sólo pueden percatarse ellos.

La obra esconde más de lo que muestra: logra evocar sensaciones perdidas o desconocidas, muchas de ellas latentes hasta que alguien, en este caso Rubio, empieza a tirar del hilo y deshilacha el trapo. Jugar con los tópicos, desvestir las palabras de superfluos adornos y revelar los datos con cuentagotas son sus armas a la hora de narrar un drama sobre la soledad, terrible incluso si es elegida.

El director Juan Manuel Cifuentes no desacredita el libreto, sino que lo potencia empleando una alegórico telón de fondo sobre el que destacan el joven y correcto Humberto Rossenfeld y un ilimitado Marcos Casanova que no pone freno a sus conocimientos de la vida real, como el sarcasmo, la ironía y la humanidad, en su rotunda creación de un personaje entrañable. Imprescindible.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

1 comentario:

dana&fox dijo...

Es una obra fantástica que no hay que dejar de ver. Marcos Casanova está impresionante. No os la perdais!!! Quizá sea la última vez que podemos ver a Marcos Casanova y a Humberto Russenfeld en estos maravillosos papeles...